Tres claves para que no pierdas tu objetivo

Un buen orador, pase lo que pase, sabe a dónde quiere llegar al final de su discurso. Mantén la diana con nitidez en tu mente y la flecha de tu mensaje alcanzará el centro de tu interlocutor/audiencia.

A veces las cosas no salen como esperas, surgen imprevistos, pero deberás saber en todo momento dónde estás y qué quieres conseguir con tus palabras para seguir dando pasos en la dirección correcta.

En oratoria, como en Kyudo, el tiro surge desde el corazón. Y sólo cuando tus palabras salen de un lugar más profundo que tu boca puedes centrarte en lo importante: tu audiencia.

Para no perder de vista el objetivo que te hayas marcado, ten la certeza de que:
1. Crees en ti y en lo que dices.
2. Sabes de lo que hablas porque lo has preparado bien.
A pesar de eso es frecuente que, entre la audiencia, haya alguien que sepa más que tú de lo que estés hablando. Se humilde (se valle y no montaña) y aprende siempre.
3. Tienes claro que eres una mera correa de transmisión entre lo que encierras y aquellos a quienes te diriges. El protagonista en esta historia son ellos y tu misión es llegar. Estás ahí para que transformen tus palabras en acción para su beneficio propio.

¿No es hermoso dejar a las personas siendo mejores que cuando las encontraste? Vale la pena que apuntes bien, te concentres, respires y liberes ese mensaje que encierras. Entonces, sólo disfruta de tu momento hanaré.