Sálvese quién pueda

Con el pollo que tenemos montado, tenía la esperanza de que realizásemos un ejercicio de mirada introspectiva. Que confeccionásemos un DAFO y nos hiciésemos mirar nuestras amenazas y debilidades. Los que la han liado parda no lo hacen. Parece ser que la naturaleza de esta sociedad es la que es y así seguirá siendo.

Entre la clase política no encontramos a personas empujando en una misma dirección para sacar los proyectos adelante, sino avispados individuos con los dedos cruzados para que la situación mejore y poder seguir trincando cuando amaine el temporal. Piden la colaboración de los emprendedores. Digo yo, que se referirán a los autónomos de toda la vida.

Tengo un amigo en Madrid al que han contratado para que reflote una institución con un agujero bastante gordo. De esos cuya cantidad escapa al raciocinio. La semana pasada quedamos a comer. Me impactó verle con la cabeza llena de canas y con el rostro desquiciado. Tenía impresos en la mirada los horrores de la corrupción y del sistema obsoleto. Él, que tiene el “privilegio” de ver la situación financiera desde el ojo del huracán, en una cruzada absurda y sin proyección -a juzgar por su aspecto-, se está dejando la piel, el tiempo y creo que el alma. Inmerso en un naufragio en el que los capitanes van saltando por la borda dejando las naves a su suerte.

Mi amigo, desde la impotencia, me contaba despacio que el nivel de mediocridad es infinito. Hablaba del “deber ser” y de que no hay opción: tenemos que cambiar las cosas. Dijo que vivimos en una sociedad en donde la arbitrariedad y la relatividad moral han sido tan elevadas, que cuando hacen algo malo ni siquiera consideran que lo es. Tanto más cuando todos están haciendo lo mismo. Estaba triste. ¿Juzgar a las personas desde el punto de vista legal o moral?

Me vienen a la mente dos noticias de hoy. En una comparece el alcalde de Ponferrada para comunicar que abandona el partido con tal de aferrarse al poder. En la otra, la desfachatez en las declaraciones de la alcaldesa de Pamplona por las comisiones permanentes que percibieron, tanto ella como el Presidente del gobierno de Navarra. Dice que devuelve las dietas que cobró de Caja Navarra y lo hace arqueando mucho las cejas, mientras se justifica alegando lo que ganaba un alicatador cualquiera, eso sí, cuando no estaban en el paro.

A mi amigo le recomendé que hiciese el Camino de Santiago. Le hace falta. Y empiezo a pensar que a mí también me vendría bien.