¡NO LEAS! Una presentación leída es soporífera

Resulta tedioso cuando el orador aparece ante nosotros y se pone a leer su discurso sin levantar los ojos del papel. Con la certeza de que no nos va a aportar más que lo escrito, no es posible evitar aburrirse. Sabemos que no podrá adaptarse a la audiencia, no podrá establecer contacto visual y, mucho menos, salirse del guión que lo encorseta, por ejemplo, para usar el humor.

Todavía existe un orador peor: el que lee el PowerPoint. Este estilo atenta contra el dinamismo y su misión es absurda, ya que todos sabemos leer.

Un buen PowerPoint ha de ser un complemento del orador, por tanto, sin ti no ha de servir para nada.

Debería estar repleto de imágenes impactantes a pantalla completa, con muy poco texto y no más de dos conceptos por diapositiva. Es entonces cuando el orador puede convertirse en un contador de historias, disfrutar de su audiencia y preocuparse de que el mensaje llegue.

Quiero, desde este humilde post, dar las gracias a la magia y la profesionalidad de Juan Carlos Rguez.-Crespo, alias Thekingofpowerpoint, por hacer tan atractivas todas y cada una de mis presentaciones.

Sólo leeremos cuando sea estrictamente necesario: cifras (por si las olvidamos), citas (por si las tergiversamos) o cuando se trate de un discurso pactado.

Te regalo una hermosa cita, de Charles F. Kettering, que llevo siempre conmigo al final de mis cursos de oratoria profesional en Arqueros de la palabra:

“Lo que tengo que decir es, en mi opinión, demasiado importante para anotarlo en un papel. Prefiero escribir en la mente de quienes me escuchan, en sus emociones, con cada partícula de mi ser. Un trozo de papel no puede interponerse entre yo y aquellos a quienes quiero llegar”.