Lecciones retrospectivas

Cuando me fracturé el tobillo odiaba escuchar: “Es una lección que te da la vida”. Tal vez porque hubiera preferido perderme aquella clase…

Lo que sí es cierto es que incluso de la adversidad se pueden extraer cosas buenas.

En abril, viendo caer las fechas de todas las conferencias multitudinarias que tenía agendadas, decidí ‘digitalizarme’. Había que resolver tres puntos ciegos en la nueva formación: constatar, planificar y personalizar.

Constatar: cuando cada curso finalizaba, los participantes se iban con la fórmula para pasar al siguiente nivel en su comunicación. Ya no les veía ascender sus escaleras particulares en el arte de comunicar. Solía decirles: “Este curso empieza cuando termina”. Dejaba de verles cuando ‘empezaban’. ¡Lo óptimo sería verles cuando terminen!

Planificar: con la incertidumbre y la vorágine del teletrabajo, no somos capaces de sacar tiempo extra. Quería algo más flexible que una formación online. Sin horarios, sin fechas, sin obligaciones: microvídeos. ¡Yo sería quien se adaptase al tiempo y lugar elegido por cada participante!

Personalizar: el feedback y los inputs que recibimos cuando hacemos una formación junto a otras quince personas, no es la misma que cuando se trata de un mentoring personalizado, adaptado a las necesidades de cada cual. ¡Tenía que terminar con un one on one!

Así nació mi Programa de entrenamiento personalizado: Experto en oratoria profesional.

32 microvídeos plagados de prácticas para realizar en el escenario real de tu día a día. Te llevará unos meses alcanzar tu objetivo y, cuando lo hayas conseguido, nos sentaremos juntos en un one on one online donde te daré los últimos toques.

Tal vez la hecatombe que nos ha traído la maldita Covid-19 haya sacado lo mejor que encerraba: la formación ideal en comunicación.

Va a ser verdad que detrás de cada nubarrón hay un brillo de esperanza.