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La gratitud, entendida como sentir reconocimiento por algo que tenemos o que nos ha ocurrido ha sido, históricamente, el foco de varias religiones, tratada por filósofos de la moral como Adam Smith y, desde hace un par de décadas, empieza a formar parte de estudios sistemáticos de la psicología positiva.

Yo llevo dando las gracias, todas y cada una de mis noches, desde que tengo memoria. Mi madre me lo enseñó. Ella lo llamaba count your blessings. Así se lo transmití a mi hija, desde que tenía 2 años, tras contarle su cuento antes de dormir. La invitaba a evocar tres cosas buenas del día y agradecerlas. Recuerdo que incluso lo compartí en un vídeo que publiqué hace años en mi canal Youtube. Lo acabo de ver. Se llama: “Da gracias, valora lo que tienes”. Lo comparto:

Este martes, en un taller/estudio de psicología del que formo parte, me encomendaron una tarea tras la sesión: escribir tres cosas por las que estuviese agradecida, cada noche. Supuse que garabatear tres palabras al margen del libro que estoy leyendo ni supondría esfuerzo ni me reportaría beneficios, dado que ya practicaba la gratitud. En la segunda suposición me equivoqué.

Le comentaba anteayer a mi compañera de taller y amiga, Carmen Soler, lo que el cambio en la forma de llevar a cabo este ejercicio ha supuesto para mí. Al tener el compromiso de escribir esas tres palabras cada noche, tres palabras que representen tres cosas que me han ocurrido ese día por las que estar agradecida… ¡Me paso el día prestando atención a lo bueno para seleccionar las tres ideas! Poner el foco en lo positivo tiene un efecto fascinante. Tres palabras. ¿Lo pruebas?