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Nuestra felicidad no está determinada al nacer. Las decisiones que tomamos tienen un papel crucial.

Me llamó la atención ayer por la tarde, en el taller / investigación “Tu mejor tú”, en el que estoy participando como miembro del grupo experimental, que según Sonja Lyubomirsky (Dra. en psicología social y de la personalidad por la Universidad de Stanford), el 50% de nuestro bienestar depende de factores genéticos, el 10% de circunstancias vitales (situación económica, pareja, trabajo…) y un 40% de actividades intencionales.

Lo asombroso de estos datos es que la felicidad depende de nuestros genes y de nosotros mismos, es decir, de lo que hagamos y pensemos. En otras palabras, si dirigimos conscientemente nuestra actitud y nuestras acciones, la podemos crear.

Suelo ser bastante escéptica cuando no hay evidencia empírica, pero hace ya décadas que se vienen estudiando de manera rigurosa y científica los factores que inciden en el bienestar. Algo que perseguimos desde tiempos de Aristóteles y que está más cerca cada día, gracias al trabajo exhaustivo del cuerpo científico que siguió los pasos de Martin Seligman (Director del departamento de psicología de la Universidad de Pensilvania y precursor de la Psicología positiva).

Quiero centrarme hoy en tres de sus principales descubrimientos porque nos vienen como anillo al dedo en los tiempos que corren:

  1. Las emociones positivas son un factor clave para ayudar a los individuos cuando se enfrentan a situaciones negativas.
  2. Las emociones positivas fortalecen el sistema inmune.
  3. El nivel de felicidad en las personas no depende de las circunstancias o condiciones en las que viven.

Aguantando la respiración en esta hecatombe provocada por el Covid 19, veo que todo se reduce a dos cosas: lo que podemos controlar y lo que no.

Tras esta sencilla clasificación, desde mi punto de vista, tenemos dos opciones: crecer o morir. Y hoy va de dualidades, ya que tengo la certeza de que estamos en el escenario ideal para “dar” en lugar de “recibir”. Ayudar, secundar iniciativas, ser mejores con nosotros mismos y con los demás nos aleja del hedonismo y nos acerca a la eudaimonia. Y termino con otra dicotomía, ya que opto por centrarme en “lo que tengo” en lugar de en “lo que me falta”. Es tu elección.