4 cosas que no debes hacer

Septiembre de 1991. Entré a trabajar en una multinacional. Pasé allí cuatro años de mi vida, dándolo todo, codo con codo junto a mi compañero Koji Kabuto. Le llamaba así, como el piloto de Mazinger Z, por la afinidad con uno de sus apellidos. Anteayer quedamos a tomar café después de 20 años. Nuestro estilo de liderar equipos sigue teniendo mucho en común. La empatía forma parte de nuestro ADN. Tal vez porque él sigue allí, recordamos a nuestro viejo jefe de departamento. Un tipo rancio y arrogante, por fortuna para los que continuaron, ya jubilado. De él aprendí lo que no debía hacer, si algún día podía permitírmelo. Sus gritos indelebles, sus insultos en público o aquellos microgestos tan suyos, que me bloqueaban y me llenaban de impotencia, son cicatrices en mi memoria.

Hoy, tengo el privilegio de liderar profesionales comprometidos y hace dos décadas que me prohibí a mi misma:

1. No creer en ellos. Tener la certeza absoluta de que son capaces es el primer paso para que lo sean en realidad.
2. No permitir que se equivoquen. Si aciertan siempre, no aprenden nada.
3. No reconocer en privado ni reprender en público. ¡Es justo al revés!
4. Mantener reuniones infinitas y frecuentes. Abolí las reuniones con clientes. Con mi equipo se llevan preparadas y se hacen de pie. Son más breves y productivas.

Soy partidaria de romper las cadenas negativas. Si nos las hicieron pasar canutas cuando acatábamos… ¿Por qué seguir actuando del mismo modo cuando dirigimos?
Espero que mi reflexión te sirva.

Yo me llevo:
• La pasión por seguir construyendo un futuro mejor.
• Que incluso el peor puede enseñarte cuatro cosas. Eso sí, que no debes hacer