1, 2, 3: mejora tu carisma

El carisma no es un don mágico. Se adquiere. Es una mezcla de presencia, calidez y poder. La proporción irá en función de tu propio estilo y tus puntos fuertes.

Presencia: cuando están contigo, están contigo al 1000%. Nada existe alrededor y tienes toda su atención. No hay WhatsApp, emails o alertas en el móvil que les distraigan.
Enfoca tu energía hacia tu interlocutor. Escucha con todos tus sentidos al otro y mírale como si fuese el centro del mundo. Hazle sentir que te importa, en lugar de pretender impresionarle o llamar su atención, y te admirará.
Calidez: si estás comprometido con las personas que te rodean, se nota. La calidez no se puede fingir.
Tu postura, tu proxémica, tu cercanía, tu humildad o tu sonrisa serán auténticas, si eres un líder cálido.
Poder: esa capacidad tuya por hacer que las cosas sucedan, cambien o tomar decisiones sin que te tiemble el pulso.
El secreto reside en la confianza que tengas en ti mismo. Cuanto más creas en ti, más seguro te percibirán.

El fondo de tu mensaje (lo que dices) importa. Cuando hablamos de algo que nos apasiona, nos animamos, nuestra voz cambia y el lenguaje corporal se vuelve más dinámico y entusiasta, dotándonos de autenticidad.
La forma (el cómo lo dices) es determinante para que ese magnetismo intangible forme parte de ti.

Antes de empezar a hablar concéntrate en tu respiración. Imagina que el aire que inspiras recorre tu cuerpo hasta los pies. Esto hará que te arraigues al suelo y te perciban más seguro y creíble.

Ahora, aplica estos tres pasos infalibles:

Postura Triple A (AAA) con los hombros: Arriba, Atrás y Abajo.
Reduce la velocidad al hablar y haz tonos descendentes al final de las frases.
La proxémica espacial te ayudará. No mantengas conversaciones a 180º (enfrente de tu interlocutor) sino a 90º.

Y, sobre todo, no busques el reconocimiento sino hacer sentir bien e importantes a los demás.